Obesidad Infantil ¿Qué estás haciendo mal?

Apnea del sueño, alteraciones en su desarrollo, diabetes tipo 2 o niveles elevados de colesterol o triglicéridos son algunos de los problemas a los que se enfrentan los niños con exceso de peso.

Engordar ya no es exclusivo de los adultos. Cada vez es más habitual ver a niños con varios kilos más de lo que las autoridades sanitarias consideran un peso saludable. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), 42 millones de niños menores de 5 años tienen sobrepeso, una cifra que podría aumentar a 70 millones para 2025 si continúa la tendencia actual.

Qué es la obesidad infantil

En general, se entiende que un menor sufre obesidad cuando su índice de masa corporal (IMC) –que se calcula dividiendo el peso por la altura al cuadrado (kg/m2)— supera el percentil 95 para su edad y sexo, y que tiene sobrepeso cuando el IMC es superior al percentil 85. Los percentiles de talla y peso son curvas para valorar el crecimiento infantil diseñadas a partir de las medidas de una gran muestra de bebés o niños de la misma edad.

Un incremento importante del peso puede ser un indicador de la existencia de algún problema subyacente -alteración hormonal, efectos secundarios de un medicamento o una patología, por ejemplo-; pero también puede servir como alerta de posibles problemas de salud en el futuro. En el caso de los niños, ganar mucho peso resulta especialmente grave, puesto que lo idóneo es que su patrón de crecimiento sea gradual dentro de su percentil de crecimiento, sin grandes altibajos.

Sin embargo, el estilo de vida actual, con más actividades de ocio sedentarias –como el uso de tabletas u ordenadores— y una alimentación con productos cargados de grasas y azúcares y deficientes en nutrientes, ha provocado un aumento de niños con exceso de peso. El informe de la Comisión para acabar con la obesidad infantil de la OMS alerta de que “muchos niños crecen hoy en día en entornos que propician el incremento de peso y la obesidad” y culpa a la globalización y la urbanización de la exposición infantil a “entornos no saludables”.

Principales riesgos de engordar siendo niño

Los problemas derivados de tener kilos de más pueden empezar a afectar a los menores durante la infancia o manifestarse en la edad adulta. Entre las consecuencias a corto plazo de que un niño engorde demasiado están:

  • Tener baja autoestima o depresión por no sentirse bien consigo mismo e, incluso, ser objeto de burla de sus compañeros.
  • Síndrome de apnea obstructiva del sueño, que se caracteriza por pausas de al menos diez segundos en la respiración al dormir, o ronquidos, ambos trastornos causados por mayor presión en el área del cuello con obstrucción de las vías respiratorias. También pueden padecer problemas para dormir, posiblemente por alteraciones hormonales, según concluyen algunos estudios.
  • Infecciones respiratorias o asma, motivadas por un mal desarrollo de los pulmones durante el crecimiento.
  • Problemas óseos, como dolor de las articulaciones, rigidez y disminución de la amplitud de movimientos. Y otros más específicos, como epifiosilisis de la cabeza del fémur –cuando la cabeza del hueso del muslo y de la cadera no están bien conectadas-, que produce dolor en la cadera y la rodilla y requiere cirugía.
  • Trastornos del crecimiento, como una edad ósea avanzada e, incluso, una pubertad precoz, sobre todo en el caso de las niñas, como indican varios estudios. Otro problema de desarrollo asociado al exceso de peso es la enfermedad de Blount, en la que la parte inferior de la pierna (la tibia) se gira hacia dentro, quedando la pierna arqueada.

Daños de por vida

Pero cada vez hay más niños con problemas más asociados a la edad adulta, o que desarrollan trastornos cuando son adultos fruto del exceso de peso que tuvieron o que han arrastrado desde la infancia:

  • Resistencia a la insulina (cuando el cuerpo no reacciona a la acción de la hormona insulina), síndrome metabólico (por factores como presión arterial elevada o aumento de los niveles de azúcar, colesterol y triglicéridos, que llevan a alteraciones cardiacas o diabetes) o diabetes tipo 2 (incremento inadecuado de la glucosa en la sangre porque el cuerpo no produce o no usa correctamente la insulina, lo que provoca complicaciones crónicas).
  • Obesidad o sobrepeso cuando son adultos.
  • Colesterol elevado o altos niveles de triglicéridos, que llevan a mayor riesgo de patologías cardiacas o accidentes cerebrovasculares.
  • Hipertensión o presión arterial elevada, que incrementa el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular, un ataque cardiaco, insuficiencia del corazón, enfermedad renal o muerte prematura.
  • Acumulación excesiva de ácido úrico en el cuerpo (gota), que puede generar dolor, hinchazón o rigidez en el dedo gordo del pie, pero también afectar al arco del pie, los tobillos, los talones, las muñecas, los codos o los dedos de la mano.
  • Esteatosis hepática, que se produce cuando confluyen un exceso de grasa en el hígado e inflamación del órgano.
  • Síndrome de ovario poliquístico, en el que un desequilibrio en las hormonas sexuales femeninas genera quistes en los ovarios o altera el ciclo menstrual.
  • Ciertos tipos de cáncer como el de mama, de colon o de endometrio.

Cómo poner freno al exceso de kilos

El sobrepeso y la obesidad se producen, generalmente, cuando hay un exceso de aporte de calorías en comparación con la energía que se gasta. Por ello, los pediatras apuestan por intentar equilibrar la balanza energética mediante la práctica de unos 30 minutos de actividad física al día, educación nutricional y alimentación baja en calorías, con una reducción de la ingesta calórica de entre un 30 y un 40 por ciento en caso de exceso de kilos o un consumo máximo de entre 1.200 y 1.300 calorías diarias.

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